domingo, 18 de mayo de 2014

LIBROS EN EL CIELO (4ta Parte)



“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el juez se sentó, y los libros fueron abiertos. Daniel 7:9-10.


En ésta visión el profeta Daniel ve un juicio que se está efectuando en el cielo y ve a Dios el Padre, lo ve como un Anciano de días junto a millares de millares de ángeles que lo asisten y sirven. El Anciano de días al sentarse en su trono se abren los libros, revelando los actos de los justos para ser juzgados. 


Comentamos anteriormente, que nuestros nombres y actos son escritos en los “Libros del Cielo” al aceptar servir a Dios. Si pensamos por un momento que nuestras acciones son registradas, seguramente nos encontraremos  en un gran dilema, ya que sabemos a ciencia cierta que si nos juzgan por nuestros actos irremediablemente perderemos el juicio y seremos condenados, porque “somos justificados por la fe pero somos juzgados por nuestras obras”.


Aquí es donde se hace necesario que Cristo, nuestro Abogado y Salvador, intervenga por nosotros; aquí es donde nuestra fe en su sangre derramada paga el precio de nuestra propia culpabilidad; es en éste momento donde Cristo “muestra nuestro arrepentimiento y nuestra fe, y reclamando el perdón para nosotros, levanta sus manos heridas ante el Padre y los santos ángeles, diciendo: Los conozco por sus nombres. Los he grabado en las palmas de mis manos”. "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios." (Salmo 51: 17.) El Conflicto de los Siglos p. 476.
 

“Al ser absueltos Dios nos declara justos, nos considera justos, y nos trata como a personas justas. Todo mal acto es borrado y toda acusación cancelada, ahora llegamos a estar en una relación correcta con Dios. Cuando Dios da justicia al pecador arrepentido, figuradamente pone el sacrificio provisto por Cristo y la justicia de Él como un crédito en los libros del cielo, y el pecador se encuentra ante Dios como si nunca hubiera pecado. Así gana su pase al reino de los cielos por la eternidad. (La Justificación, Diccionario Biblíco).


Así los salvos serán los que luego de ser examinados y borrados sus pecados con la sangre de Cristo, su nombre se mantiene todavía escrito en los libros del cielo, y el pecador se encuentra ante Dios como si nunca hubiera pecado. Por consiguiente no se borrarán los nombres de todos aquellos que creen firmemente que Cristo es su único Salvador personal y pidieron perdón oportunamente por sus malas acciones.

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